Consideraciones en torno a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales II

Boletín: 
Newsletter 47, Abril 2015

Si analizamos la figura de la empresa en la Ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales (LPRL), tenemos que llegar a la conclusión de que esta norma marca de forma genérica toda una serie de obligaciones que conllevan el deber de proteger la seguridad y salud de sus trabajadores, con todos los medios a su alcance y en todos los aspectos relacionados con el trabajo y, para ello está obligado a cumplir con cuantos preceptos se recojan, no sólo en esta Ley, sino de manera adicional en cualquier normativa que la amplíe, desarrolle o complemente.

En la exposición de motivos de la LPRL se justifican las anteriores obligaciones teniendo como fin último la protección, por parte de la empresa, de la salud del trabajador frente a los riesgos laborales, reconociendo expresamente que el hacerlo le exige una actuación que “desborda el mero cumplimiento formal de un conjunto predeterminado, más o menos amplio, de deberes y obligaciones empresariales y, más aún, la simple corrección a posteriori de situaciones de riesgo ya manifestadas. La planificación de la prevención desde el momento mismo del diseño del proyecto empresarial, la evaluación inicial de los riesgos inherentes al trabajo y su actualización periódica a medida que se alteren las circunstancias, la ordenación de un conjunto coherente y globalizador de medidas de acción preventiva adecuadas a la naturaleza de los riesgos detectados y el control de la efectividad de dichas medidas constituyen los elementos básicos del nuevo enfoque en la prevención de riesgos laborales que la Ley plantea”.

Este marco normativo, que supone aparentemente una carga para las empresas, lleva aparejado un conjunto de beneficios que suelen pasar desapercibidos para el conjunto de los empresarios y de los cuales disfrutan aquellas empresas y entidades que han sabido verlos y, por ello, se han convertido en las verdaderas impulsoras de una auténtica cultura preventiva en el seno de sus organizaciones.

Curiosamente, estos beneficios tienen que ver con la prevención de los daños que esta norma trata de evitar, porque alcanzar los objetivos que la LPRL tiene, además, efectos positivos en la cuenta de resultados, y esta relación es aún desconocida para muchas empresas, porque no son, en la mayor parte de las veces, conscientes de los efectos perniciosos que les suponen los accidentes de trabajo.

¿Por qué unas empresas lo han detectado y otras no? Cabe suponer basándome en la experiencia profesional que, entre otros factores, tiene que ver con el número de accidentes de trabajo o de las experiencias que con respecto a los mismos han tenido. Lógicamente, las empresas grandes, al tener un número de trabajadores mayor, son más propensas a tener accidentes de trabajo. Al ser un acontecimiento no esperado e indeterminado en cuanto a su gravedad, pero bastante probable, las inversiones que lleven a cabo para prevenir accidentes futuros, si consiguen reducir año a año el número y la gravedad de los mismos, le son rentables.

Las empresas pequeñas, sin embargo, al desconocer los costes que les pueden sobrevenir en caso de tener un accidente, sólo son conscientes de los gastos que les supone la implementación de las medidas preventivas a las que obliga la normativa y, por tanto, de ese análisis coste/beneficio sólo son conscientes de la parte “coste” y no tienen en cuenta el posible “beneficio”.

Es importante relacionar costes y accidentes de trabajo, porque en ningún caso un accidente supone un beneficio para la empresa. En todos los casos, un accidente de trabajo implica costes. Para poder tomar conciencia de los mismos sería preciso que las empresas cuantificaran las pérdidas que les originan los accidentes de trabajo y, de alguna manera, pudieran reflejarlos en alguna cuenta, creada al efecto, del Grupo 678 del Plan General de Contabilidad, que denominaran, por ejemplo, “Gastos excepcionales producidos en accidentes de trabajo”.

Sin ánimo de ser exhaustivo me gustaría enumerar distintos costes que se podrían producir, además de los costes humanos que, aunque cuantificables económicamente en cuanto a responsabilidad derivada, no lo son tanto en cuanto a la pérdida que para la salud del trabajador suponen.

Entre otros podrían ser:

- Pérdidas de tiempos de trabajo del accidentado.

- Pérdidas de tiempos de trabajo de los compañeros que acuden a auxiliarle.

- Pérdidas por tiempos de desplazamiento, ida y vuelta, al centro de salud donde atiendan al accidentado.

- Pérdidas por los materiales que se puedan romper o estropear.

- Costes adicionales de sustitución del trabajador accidentado.

- Costes de tiempos empleados en revisiones y controles posteriores al accidente.

- Sanciones (aunque no fueran fiscalmente gasto deducible) por parte de la autoridad laboral.

- Derivaciones de responsabilidad e Indemnizaciones.

- Tiempos de asistencia a juicios y declaraciones de trabajadores de la empresa

Los gastos anteriores, como es lógico variarán con la gravedad y consecuencias derivadas del accidente y se refieren, solamente a los que se imputan a la empresa y no están incluidos los que se refieren a la asistencia médica, tiempo de baja y rehabilitación. Otros gastos no cuantificables y, por tanto, no susceptibles de contabilización serían:

- Desmotivación del trabajador y sus compañeros - Falta de eficacia en el trabajo.

- Conflictos sociales de duración y amplitud variable

- Pérdida de la capacidad productiva de los trabajadores.

Invertir en prevención es, por tanto, tomar medidas para que estos costes no se produzcan de tal forma que junto con la Evaluación de Riesgos Laborales, las empresas deberían también evaluar los costes posibles que produciría un accidente de los más probables una vez puesta de manifiesto la probabilidad y severidad de los riesgos analizados, de tal forma que enfrentando ese coste al de implantación y seguimiento de un plan de prevención, se podría contratar la relación coste/beneficio, entendiendo como tal la “no aparición de dichos costes”.

Además de todo lo anterior, no hay que olvidar los beneficios que la prevención de riesgos dentro de las empresas están acompañados no sólo de costes evitables, sino también de beneficios de importantes, como son:

- Los trabajadores ´que trabajan en condiciones de seguridad son más productivos.

- La motivación de las plantillas, en cuanto a este tema se refiere, no se ve afectada.

- Todo lo anterior “afecta” a la eficiencia, la eficacia y la productividad con respecto a otras empresas del mismo tamaño y sector, pero con mayor número de accidentes de trabajo.

- Mejora del absentismo.

- Crea una “cultura” y una “forma de trabajar” con entidad propia en la empresa que unos trabajadores transmiten a otros redundando en un mejor ambiente laboral.

- Evita sanciones.

- Aumenta la calidad de la producción de bienes y servicios de la empresa, pues se llevan a cabo en mejores condiciones.

- No tener accidentes suponen un elemento de prestigio y convierte a las empresas que lo consiguen en modelos a imitar dentro de cada sector.

- Disminución de los costes de seguridad social al adherirse a planes “Accidentes 0” promovidos por la autoridad laboral en algunas comunidades autónomas.

Abril de 2015