La felicidad no es ausencia de estrés.

Boletín: 
Newsletter 47, Abril 2015

Nos dice Sonia Lupien que estudiar el estrés durante 20 años le ha enseñado que, desde luego, la felicidad no es la ausencia de estrés.  Nos cuenta que leyó un  libro titulado Libérese del estrés para siempre. Pues bien, nos dice la Dra Lupien: si te liberas completamente del estrés, estás muerto; vamos, que en esta vida necesitas un poco de estrés. Cuando hablas con personas felices, verás que siempre se marcan pequeños retos que desean conseguir, pero la diferencia es que conocen, por así decirlo, su resistencia al estrés, y cuando el estrés es excesivo, frenan.

Por ello,  se admite de forma generalizada una muy útil clasificación entre estrés “bueno”, el llamado “eustrés”, que es la tensión que lleva a esforzarte, a querer hacerlo mejor, frente al estrés “malo”, el “distrés”, que te hace sentirte mal.

El eustrés genera excitación y te produce satisfacción y mejor rendimiento, te hace sentir el reto y te ayuda a hacer las cosas mejor.  Por ejemplo, la relación entre la memoria y el estrés, que es una función con forma de U invertida. Demasiada relajación no es positiva, en cambio un poquito de estrés aumenta la memoria, hasta que el excesivo estrés la reduce. El distrés  provoca disgustos y entonces das la peor versión de ti mismo. Este tema es de gran  calado y lo trataremos con mayor profundidad en un siguiente articulo.

Gestionar el estrés es una cuestión de equilibrio: entre tomarte la vida con demasiada calma en la que  el exceso de relajación se paga, porque no conseguimos  resultados, y con demasiado agobio, entrando en zona de pánico generalizada. Se trata de salir de la zona de comodidad, de esa inercia perezosa  que nos lleva a no hacer nada, y no llegara entrar en la zona de pánico, que nos bloquea. En 1908 los psicólogos Yerkes y Dodson establecieron su conocida Ley de Yerkes-Dodson que establecía una relación entre los niveles de estrés de un individuo y su eficacia al realizar alguna tarea. La curva que relaciona estas dos variables tiene forma de U invertida , de modo que bajos o altos niveles de estrés dan lugar a baja eficacia al realizar la tarea, mientras que hay ciertos niveles óptimos de estrés en los cuales se obtiene la mejor eficacia en la realización de la tarea. Pero no todo es tan fácil. Se ha estudiado esta relación y cosntata que los niveles óptimos de estrés son específicos de cada tarea. Tareas muy difíciles o que demandan un esfuerzo intelectual (como estudiar para un examen) presentan su punto óptimo en niveles relativamente bajos de estrés (para no afectar a la atención), mientras que otras tareas que requieren resistencia o persistencia (por ejemplo, practicar un deporte) presentan ese punto óptimo en niveles más altos de estrés (ya que favorecen la motivación).

 

El eustrés  es imprescindible para una vida gratificante;  está muy relacionado con la  dopamina, el neurotransmisor que tiene que ver con el placer. Cuando consigues una recompensa, el cerebro segrega dopamina, pero como afirma Sapolsky, no es del todo cierto, la primera vez sí, pero después,  no se trata de la recompensa en sí, sino de la anticipación de la recompensa.

Cuando se introduce cierta incertidumbre, hay un aumento espectacular de dopamina justo hasta que descubres si consigues o no la recompensa.  Es decir: cuando el objetivo es suficientemente retador pero alcanzable, se incorpora la dosis justa de «quizás», que es mejor que la certeza.   Lo que hay que hacer, según demuestran estos estudios, es mantenerlo justo sobre el 50%. Con un 25% ó 75% no se consigue un aumento tan grande de dopamina. Es ese grado  exacto de incertidumbre  que sienta genial, si crees que puedes lograrlo, no estás seguro pero esperas que sí lo lograrás, en ese punto del “quizá» ¡es como si tu cerebro nadara en dopamina!.  Eustrés en estado puro.

Robert M. Sapolsky es profesor de Neurología en la Universidad de Stanford. Sus investigaciones se centran en el estudio del estrés y la degeneración neuronal.