Reconocer las fases del estrés

Boletín: 
Newsletter 49, Junio 2015

Los expertos  establecen una diferencia entre factores estresantes absolutos y relativos. Un factor estresante absoluto supone una amenaza para tu vida, para supervivencia, es un riesgo mortal y así lo identifica tu cerebro.

Pero nos encontramos con que, aunque en nuestra vida actual afortunadamente apenas hay factores estresantes absolutos, la Organización Mundial de la Salud predice que, en el año 2020, la depresión relacionada con el estrés crónico será la segunda causa de invalidez en el mundo.

¿Por qué pasa eso, si apenas tenemos factores estresantes tan graves?

Porque los factores estresantes  ahora son relativos, generamos una respuesta de estrés ante situaciones nuevas, impredecibles, que no controlamos. Y esas abundan en nuestro día a día. ¡Si solo con leer el periódico ya puedes sentirte amenazado y estresado!.

Selye describió el síndrome general de adaptación a un estresor como un proceso en tres etapas:

  • alarma de reacción, cuando el cuerpo detecta el estímulo externo;
  • adaptación, cuando el cuerpo toma contramedidas defensivas hacia el agresor
  • agotamiento, cuando  la defensa empieza a pasarnos factura  en nuestro cuerpo, mente y comportamiento.

La pregunta que más nos interesa es cómo saber si el estrés en mi vida está en los límites de lo saludable y me hace estar activado o está ya cronificándose y pasándonos factura.

En las investigaciones sobre el estrés realizado con ratas y extrapolados a los humanos, Sonia Lupien identifica tres fases:

1ª) En la primera fase es cuando el estrés empieza a cronificarse,  la digestión cambia. El primer signo de que algo va mal es que te das cuenta cuando empiezas a tener problemillas con la digestión y te tomas antiácidos o digestivos con frecuencia. Si tienes hijos, seguramente ya sabrás que  cuando un niño se queja de dolor de barriga sueles estar causado por estrés. 

2ª) Si ignoras estas señales y sigues adelante sin solucionar el estrés entrará en la segunda fase, y a los problemas digestivos, seguirá que  tu cerebro te pedirá algo bueno. Es como si te dijera: «he trabajado muchísimo estos días, necesito algo bueno». Puede  manifestarse en beber más alcohol, fumar, tomar más helados, chocolate o comida,  en definitivo cosas que te gusten o crees que te gustan, porque tu cerebro necesita que le gratifiques con algo para calmarse.  

3º)En la tercera fase es cuando enfermas, nos dice Lupien, empiezas con problemas de memoria, cambios en la personalidad, te enojas más rápidamente. Es cuando puede aparecer la sensación de estar quemado y la depresión.

En los experimentos  con ratas. Lupien  ha demostrado que el cerebro se acostumbra a un factor estresante, por ejemplo, si estás pasando una época estresante con un divorcio complicado, una situación muy difícil y larga en tu trabajo, tu cerebro se habitúa, parece que lo controlas, pero tu cerebro está  hipersensible, se vuelve  más reactivo de lo normal ante cualquier otro factor estresante,, de repente sucede algo sin mucha importancia, alguien te dice algo que no es tan grave, y explotas. Cuando alguien se enoja con facilidad, se trata de un signo de que padece estrés crónico, de que está intentando abordar un factor estresante, pero se ha vuelto excesivamente reactivo a los demás.