Las organizaciones saludables

Boletín: 
Newsletter 58, Mayo 2016

Recientemente, en las clases que imparto sobre organizaciones saludables en EAE dentro del Máster de Dirección de RRHH, pregunto a los alumnos si conocen ejemplos de empresas saludables; alguno se aventura a citar una empresa al haber sido reconocida recientemente como empresa saludable, pero en general no aparecen muchos ejemplos y cuando les pregunto cuántos han trabajado en empresas saludables, pocos levantan la mano; ahora bien, ejemplos de empresas tóxicas o jefes tóxicos todos tienen, así que cuando les toca aventurarse a decir qué es una empresa saludable, si no lo saben les digo que piensen lo contrario de lo que han vivido en una empresa tóxica, y es ahí cuando sale toda la riqueza de lo que les gustaría que fuese su lugar de trabajo, hablan de la autonomía en el puesto de trabajo, del desarrollo personal y de los planes de carrera, de la flexibilidad horaria, de la conciliación, del reconocimiento, del buen clima laboral…, en suma, ya saben que quieren trabajar en una empresa saludable aunque nunca hayan visto ninguna. 
Cuando vamos desarrollando el temario y explicando cómo se construye una empresa saludable, se dan cuenta de las dificultades de vender ese entorno ideal a los gerentes de las empresas, básicamente porque no disponen de datos económicos que hablen de los beneficios de crear esos entornos saludables u ejemplos de otras empresas de dónde tomar esos datos con sus ROI. Al mismo tiempo no estamos acostumbrados a cuantificar ni poner en valor nuestro trabajo, crear un entorno saludable es una inversión, evidentemente supone un coste a priori para la empresa, pero los beneficios son muchos y se pueden cuantificar: la disminución de bajas laborales, la reducción de accidentes, el aumento de la motivación y su consiguiente aumento en la productividad, etc., si queremos podemos rescatar los datos que nos facilita el Foro Económico Mundial, que nos dice que cuando una empresa fomenta la salud y bienestar de sus colaboradores es 4 veces más productiva, retiene 4 veces más talento, tiene 8 veces trabajadores más comprometidos y además es 3,6 veces más creativa e innovadora. Debemos acostumbrarnos a medir, y así comprobaremos cómo la inversión en salud supera con creces cualquier coste que imputemos a las acciones para fomentar entornos saludables. Además, no olvidemos que la riqueza de nuestras empresas depende de la salud de los trabajadores. Crear un entorno saludable es beneficioso para todos, además de un principio ético empresarial.
Con todo esto, cuando analizamos las barreras de entrada para crear organizaciones saludables nos encontramos muy a nuestro pesar con la falta de sensibilidad sobre el asunto y también con una cultura empresarial reactiva en estos asuntos, no proactiva, y aquí debemos decir, que sin una dirección muy alineada con esta cuestión es difícil crear un entorno saludable, porque serán los propios líderes quienes den ejemplo y prioricen en la estrategia empresarial la salud organizacional como un elemento clave para la productividad de su empresa. No esperemos a sobrepasar tasas de absentismo del 12 % en un centro de trabajo para poner en marcha medidas que ayuden a que las personas se encuentren mejor, si hemos llegado a esas ratios es porque hay algo que no estamos haciendo bien, nuestra gente no está motivada y además está enfermando, es urgente comenzar a gestionar los riesgos psicosociales, y promover entornos saludables en las empresas.
Es cierto que cada vez se comienza a hablar más de empresas saludables, pero no lo hagamos sólo por moda, debemos creer en las personas como principal motor de nuestras empresas, y para ello debemos cuidarlas. Siempre digo que al final estudiar motores me ha servido para algo, y es que mi parte ingeniera me permite ver a la organización como ese engranaje que hace que la máquina (empresa) funcione, y para ello es vital que el lubricante sea el mejor, es decir, la comunicación, y después comprender que el engranaje más pequeño es el que más presión soporta, así que si queremos que todo el mecanismo funcione es mejor que cuidemos del pequeño, porque no es tan sencillo colocar otro engranaje, debe encajar, tener el mismo paso y la misma dentada…, y esto, en las organizaciones sabemos que no es tan fácil de encontrar, es lo que ahora todas las empresas más estiman, el talento! Necesitamos introducir un poco de emoción en esta ecuación, que son esos engranajes grandes que saben que las personas son importantes y las cuidan, por su bien y por el de sus empresas. 
Y aunque esto nos parezca utópico, poco a poco vamos encontrando esas organizaciones que sí estiman a su gente y buscan crear organizaciones saludables, y como os decía antes, todo esto comienza con sus líderes, son ellos los que promueven e invitan a su gente a sacar lo mejor que llevan dentro. En este sentido, tengo el gusto de conocer de primera mano a algunas de estas personas: Jaume Gurt (Infojobs), Marsel Meeuwsen (BGSE), Idili Lizcano (Alqvimia), Cecilia Coll (Laboratorios Quinton) y en Galicia Francisco Izquierdo (Izmar) y Florentino Cacheda (Florentino). Me gustaría que fuesen un ejemplo de inspiración también para vosotros, porque entre todos compartimos una visión que pone a las personas en el centro de cualquier acción, entre todos contribuimos no sólo a generar entornos saludables, sino también una sociedad más humana.
Dejemos ya de apostar por los trabajadores y apostemos por las personas para convertirlas en nuestra mayor fuente de riqueza y ventaja competitiva.

 

(*) Founder & CEO
 en Humanas Salud 
Organizacional