Cómo reducir (de verdad) las emociones negativas

Boletín: 
Newsletter 62, Septiembre 2016

Sonja Lyubomirsky, reconocida investigadora experta en bienestar y felicidad, nos recomienda varias maneras que se han demostrados científicamente que  son eficaces para  reducir las emociones negativas. ¿Y qué nos propone?

 

1. Desarrollar estrategias para manejar el estrés. Imprescindible en nuestro siglo, en el que el estrés parece reinar en todo y todos (¡incluso hay quien se vanagloria de sufrirlo!). Y no será porque no hay innumerables técnicas y estrategias para reducirlo. Yo apunto una, muy agradable, un concepto simple pero muy potente: las llamadas «zonas de estabilidad» de Toffler, lugares o cosas que te hacen sentir seguro, relajado, que te generan bienestar; en verdad, son como amortiguadores contra el mundo exterior. Las zonas de estabilidad son muy personales, y no sólo has de identificarlas, sino que puedes crearlas, y la clave para ello, como hemos comprobado, está ¡en utilizarlas!

 

¿Dónde están tus zonas de estabilidad?, ¿las utilizas? Puedes encontrar zonas de estabilidad en personas que te generan bienestar, te ayudan a aclarar tus ideas, te dan energía…, en actividades como hacer deporte, darte un masaje, una escapada con tu pareja, una guerra de almohadas, cantar en un karaoke, tomar el sol, subir una montaña…, acciones que generan satisfacción y que te llenan de energía, o bien que te proporcionan tranquilidad y una mejor perspectiva de las cosas. También puedes hallarlas en lugares, como tu propio hogar, o bien en algo más amplio, como un país, una ciudad…, o mucho más pequeño, como tu habitación, el salón de tu casa, etc. Hay quien encuentra una zona de estabilidad en ideas o causas, dedicándose a una fe religiosa, a ideologías políticas o valores que le motivan especialmente (protección del medio ambiente, voluntariado, trabajo en una ONG, etc.), o también perteneciendo a grupos u organizaciones: tu club, tu asociación, tu familia, tu grupo de amigos e incluso tu empresa…, en definitiva, a lugares o grupos con los que te identificas y en los que te sientes bienvenido. Asimismo, uno puede encontrar zonas de estabilidad en objetos favoritos, como un libro, un álbum de fotos o esa ropa predilecta que te hacen sentir bien…

 

¿Cuándo son más efectivas las zonas de estabilidad? Cuanto más ocupado y estresado estés. Cierto, cuanto más demandas haya en tu entorno, toma tu agenda e incluye zonas de estabilidad. Saldrás ganando.

 

2.  Aprender a perdonar. Quedarte atrapado en la ofensa o en la injusticia sufrida te hará sentir cada vez peor. Recuerda: perdonar no es olvidar, es vivir en paz con la ofensa. Como magistralmente nos ha enseñado Nelson Mandela, máximo exponente del perdón: «Cuando atravesé la puerta, me di cuenta de que si continuaba odiando a aquellas personas seguiría en la cárcel.» Olvida que has sido tratado injustamente y ponte en marcha para dirigir tu vida. Cuanto antes vivas en paz con la ofensa, antes serás libre para vivir tu vida.

 

7. Evitar pensar demasiado y eludir la comparación social. Oración que me enviaron por wasap: «Señor, ya que no voy a adelgazar, te pido que engorden todas mis amigas.» Porque la comparación social es uno de los amargadores de la vida. La hipótesis inicial de los experimentos era que «las personas felices se comparan con las que son inferiores, y las infelices tienden a compararse con las que son superiores, con lo cual se sienten infelices». Pues de eso nada: las personas felices no sabían de qué les estaban hablando, ellos no se comparaban, y no sólo eso, sino que se alegraban cuando a los demás les iba bien y se preocupaban cuando otros fracasaban. No se puede ser envidioso y feliz al mismo tiempo; la envidia es un pecado que en él mismo lleva su penitencia.

 

3.  Evitar saturar la mente. Como ya puedes imaginar, de nada sirve darle vueltas y vueltas a las cosas, eso que en inglés llaman overthinking. Cavilar todo el día sobre algo negativo o preocupante nos resta felicidad y bienestar. Corta de raíz esos pensamientos circulares que te quitan la alegría de vivir y que te hacen preocuparte por un montón de cosas que nunca ocurrirán.

 

«La felicidad no es una estación a la que se llega, sino una manera de viajar.»