Consideraciones en torno a los Accidentes de Trabajo IV

Boletín: 
Newsletter 64, Noviembre 2016

En el artículo anterior tratamos el tema de los costes para la empresa derivados de un accidente de trabajo y veíamos que cualquier sistema que ayudara a evitarlos era mucho más rentable que no gastar nada. Por suerte, cada vez más, los agentes implicados (empresa, trabajadores, agentes sociales y sociedad en general) han tomado conciencia de que los accidentes de trabajo son una lacra para la sociedad y es preciso erradicarlos por las consecuencias negativas que suponen. Pero hacerlo sólo desde el punto de vista económico ofrece un aspecto incompleto del problema, puesto que existen otros impactos de los accidentes, no sólo para las empresas sino, por supuesto, para los accidentados. Hay personas aparte de los propios accidentados: sus familiares y la sociedad en general.

No se puede descargar toda la responsabilidad del accidente de trabajo en la empresa. Los trabajadores también deben tomar conciencia de las consecuencias negativas que un accidente pueden suponer. Porque, aunque muchas veces se olvide, aparte de los costes empresariales, hay otro tipo de costes que afectan además de a la empresa, también afectan a:

-Los accidentados y sus familias

-Las cuentas públicas

-La sociedad

El coste para los trabajadores y sus familiares

Es evidente que es para el propio accidentado para quien el accidente representa el mayor costo, puesto que es quien padece, en primer término, el sufrimiento de Ia lesión física. Y cuando hablamos del concepto de coste, tenemos que diferenciar, más que nunca en este caso, el coste humano del coste económico, ya que el primero tiene una importancia enorme. Es indudable que para el trabajador accidentado debemos tener en cuenta el dolor y el sufrimiento físico y psíquico que producen la lesión y los tratamientos médicos necesarios para mejorarla.

Y no trato de ser sensiblero ni sacar a relucir aspectos de victimismo. En mi opinión, el sufrimiento que ocasionan los accidentes, aun cuando sean leves, no es apreciado en su verdadera magnitud. En las incontables charlas que sobre prevención de riesgos laborales he impartido a trabajadores, he tratado de poner de relieve que las peores consecuencias de un accidente las sufren los propios trabajadores. Y no lo digo porque lo haya leído o estudiado, sino porque he tenido muchas experiencias en cuanto a los accidentes de trabajo se refiere, y he visto levantar más de uno, y más de dos trabajadores fallecidos, manos amputadas, ojos perdidos, y lesiones medulares, como para saber de qué estoy hablando.

Cuando empecé con las sesiones formativas pensé que iban a ser los propios trabajadores los más interesados en conocer qué prácticas podían aprender, o tener en cuenta, para evitar, en cuanto de ellos dependiera, los accidentes de trabajo. Y me encontré con la desagradable actitud que, en muchos casos, más de uno mantenía, mostrándose interesados sobre todo en conocer cuáles eran las obligaciones de su empresa como fundamento para hablar mal de los empresarios en general, como si les importara más conocer a qué pueden obligar a sus empresas que las posibles consecuencias de los accidentes que pudieran sufrir ellos o sus compañeros. 

Pongamos, por ejemplo, el caso de las amputaciones causadas por máquinas. He visto que en muchos casos, realizar trabajos en máquinas peligrosas sin las debidas precauciones. ¿Por qué? ¿Es que no se les había explicado con suficiente detalle el drama personal del trabajador que supondría vivir el resto de su vida sin una de sus manos? Ese sufrimiento no tiene precio, porque altera sustancialmente la calidad de vida de una persona. Y aunque se le ponga precio, ¡¡¡cómo valorar la pérdida de la capacidad de trabajo –aunque  sea  temporal-,  la  pérdida  para  desarrollar  la  profesión,  o  la necesidad  de buscar  otra  profesión  con  la  tara  de  una  mutilación incapacitante!!!               

¿Y qué me dicen del sufrimiento de las familias?, que asumen las tareas de cuidarles, sin compensación económica en la inmensa mayoría de las ocasiones. Porque no nos olvidemos que, de estas tareas, se encargan generalmente otros familiares, los cuales, dependiendo de los casos, pueden ver disminuida su capacidad para vender su fuerza de trabajo, lo que también supone un coste.

Hay que tener en cuenta también cómo, en algunos casos, se produce un rechazo social hacia los disminuidos físicos, de los que el accidentado pasa a formar parte si la lesión tiene consecuencias permanentes.

El costo económico del accidente para el trabajador es también muy importante. Dejando de lado, por un momento, la imposibilidad de compensar los daños morales, las compensaciones que se reciben nunca llegan a cubrir los costes económicos verdaderos, aun cuando se les compense económicamente por el daño a su perspectiva laboral futura.

El coste para las cuentas públicas

Las muertes, minusvalías, lesiones, prestaciones económicas de la Seguridad Social, los gastos sanitarios y, en general, los costes de los accidentes y enfermedades que no asumen las empresas (bien directamente, bien a través de las mutuas de accidentes de trabajo), son transferidos a las cuentas públicas. Por ejemplo los costes de accidentes laborales que no se declaran como tales, son soportados por el sistema público de salud como si fuesen comunes y transferidos a las cuentas públicas.

¿A cuánto ascienden? No está cuantificado, pero es obvio que entre las cifras macro del sistema de salud hay muchos costes derivados de las casuísticas anteriores, que no olvidemos que pagamos entre todos vía impuestos. Con toda seguridad, una correcta aplicación de las medidas preventivas en los centros de trabajo, disminuiría estas partidas y eso redundaría, no en beneficio del organismo correspondiente, sino de la sociedad en general.

El coste social

Los costes para las arcas públicas no agotan los costes para la sociedad. No existe modo de calcular en unidades monetarias los costes y beneficios de la prevención de los accidentes y enfermedades, puesto que hay magnitudes intangibles que son imposibles de valorar.

Si  se  quisiera  cuantificar,  debería  responderse  a  las  siguientes  preguntas:

¿Cuál es el efecto económico de las bajas laborales por accidente sobre la tasa de desempleo? O, cuando se valoran estas magnitudes en términos de impacto en la productividad social, ¿habría que relacionar adecuadamente el valor agregado que nace de actividades creadas por los accidentes, tales como las derivadas de la asistencia sanitaria, la rehabilitación, etc?

¿No piensan que reforzar este análisis, en la sociedad, no supondría un beneficio para todos? Olvidémonos de sancionar y pensemos que

EL ACCIDENTE DE TRABAJO NO BENEFICIA A NADIE