20 años de publicación de la Ley 31/95, de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL)

Boletín: 
Newsletter 53, Noviembre 2015

Cristina Moreno Fernández

Directora General de Trabajo y Bienestar Laboral y del INVASSAT

Conselleria de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo

Generalitat Valenciana

 

El 10 de noviembre de 2015 se celebraron los 20 años de publicación de la Ley 31/95, de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) en el Boletín Oficial del Estado. Texto legal que se encuentra, actualmente, en un proceso de revisión, con el objeto de integrar parte, aunque no todo, del ingente desarrollo normativo que la desarrolla, pero sin haberse entrado en solventar aquellos aspectos controvertidos que han provocado interpretaciones diversas y contradictorias.

Es por ello que este artículo trata de exponer, en tres apartados, el por qué fue importante la LPRL, cual el estado actual  y, por último, cuáles son los principales objetivos y nuevos retos que nos tenemos que marcar en materia de seguridad y salud en el trabajo (SST).

Por qué fue importante la Ley 31/1995, de 8 de noviembre

Antes de la Ley 31/1995, el cuerpo legislativo como la Ley de Accidentes de Trabajo de 30 de enero de 1900 (Ley Dato), la Ley de Accidentes de Trabajo de enero de 1922, la Ley de Bases de 1932 o la Ley de Bases de Seguridad Social, entre otras, obligaba a un carácter reactivo de la actuación con el deber de proteger a los trabajadores frente a los riesgos en el trabajo y sus consecuencias. En los años 70´s, las Ordenanzas Generales y las Laborales, establecieron un carácter de mínimos técnicos en cuanto a las condiciones de trabajo.

La Ley 31/1995, de 8 de noviembre no sólo vino a transponer al Derecho español la Directiva Marco 89/391/CEE, a la vez que se incorporaban disposiciones de otras Directivas, sino que vino a convertirse en un marco legal, con desarrollo reglamentario, con un objetivo de cambio cultural y social en materia de seguridad y salud en el trabajo, tendente a lograr un adecuado nivel de protección en materia de prevención de riesgos laborales de todos los trabajadores en cuatro campos o áreas de actividad, la Seguridad en el Trabajo, la Higiene Industrial, la Ergonomía y Psicosociología y la Medicina de Trabajo.

Es decir, esta Ley se constituyó como el germen de un cambio cultural y social que llegase a permitir la implementación de una política proactiva en materia de prevención de riesgos laborales frente a las políticas reactivas que venían establecidas en las ordenanzas laborales de seguridad y salud en el trabajo de los años 70´s.

Cambios que, a partir de enero de 1997, vinieron a definirse con la aprobación y entrada en vigor del Reglamento de los Servicios de Prevención (RSP), Real Decreto 39/97, de 30 de enero, así como del desarrollo normativo en materia de lugares de trabajo, señalización, utilización de equipos de trabajo, empleo de equipos de protección individual, de obras de construcción,...

Ingente desarrollo normativo, tanto nuevo como aquel que venía a actualizar ordenes anteriores, con el que parecería razonable pensar que todo este cambio cultural y social traería consigo una mejora tangible en las condiciones de salud y seguridad de los trabajadores a través de la implantación de unas condiciones mínimas de seguridad y salud en el trabajo.

 

Sin embargo, y a la vista de las últimas cifras del Observatorio Estatal de Condiciones de Trabajo (OECT), que marcan un repunte en la siniestralidad laboral, en particular en el número de accidentes leves y mortales, esa percepción que se tenía cuando nació la LPRL, no parece responder a esta idea.

Tal como se ha indicado, esos datos del OECT se vienen a refrendar con datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y del INVASSAT, que vienen a indicar que los accidentes en jornada de trabajo con baja se están incrementando de manera continuada en el último periodo, 2014/2015. Datos que nos vienen a indicar:

- un aumento de la siniestralidad del 13,2% en la Comunitat Valenciana en el periodo enero – agosto del 2015 comparado con el mismo periodo en el 2014, apreciándose, de forma llamativa, una mayor incidencia en accidentes catalogados como leves con un aumento del 13,31%.

- un incremento de siniestralidad mucho más elevado que el propio crecimiento económico que estamos viviendo, puesto que el aumento de número de trabajadores afiliados fue 4,1% en dicho periodo y la tasa de crecimiento anual del PIB, en la Comunitat Valenciana y en el 2014 en términos de volumen, fue del 2,1%.

 

Todo esto a pesar de los cambios legales, como el de la Ley 54/2003, de 12 de diciembre, que pretendieron incidir en el principio básico del deber de integración de la prevención de riesgos laborales en todo sistema general de gestión, comprendiendo tanto al conjunto de las actividades como a todos sus niveles jerárquicos, a través de la implantación y aplicación de un plan de prevención de riesgos laborales cuya estructura y contenido se determinan en el artículo 2.2 del Reglamento de los Servicios de Prevención.

Integración de la prevención en el conjunto de las actividades de la empresa que implica que debe proyectarse en los procesos técnicos, en la organización del trabajo y en las condiciones en que éste se preste, así como en todos los niveles jerárquicos de la empresa implicando la atribución a todos ellos, y la asunción por éstos, de la obligación de incluir la prevención de riesgos en cualquier actividad que realicen u ordenen y en todas las decisiones que adopten.

Estado actual

Tras 20 años de publicación de la Ley 31/95, de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), se han abierto nuevos horizontes que se dibujan alrededor de la Prevención de Riesgos Laborales, y que han de provocar, no sólo que tratemos de corregir los errores actuales, sin que sigamos trabajando en el campo de la prevención de riesgos laborales

Legislación afectada, entre otras, por:

- Nuevo cuerpo legislativo, como la Ley de Unidad del Mercado, la Ley de Emprendedores y la nueva Ley de Mutuas.

- Y nuevas estrategias como la  “Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las regiones relativa a un Marco Estratégico de la UE en materia de seguridad y salud en el trabajo 2014-2020” y que ha dado pié a la nueva Estrategia Española de Seguridad y Salud 2015/2020.

Además, y como principio fundamental sobre el que tenemos que hacer girar la seguridad y salud en el trabajo, desde un prisma proactivo, se ha de encontrar el de la protección de la seguridad y salud de los trabajadores. Recursos Humanos que han de configurarse como el bien tangible de las organizaciones, en los que hay que invertir, y sobre los que debe girar toda acción encomendada a la mejora de las condiciones de trabajo proyectándose más allá del cumplimiento de la Ley hacia un estado de bienestar laboral.

Los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales no sólo han generado dramas sociales y personales, que por sí solos han de centrar el esfuerzo de todos para conseguir un objetivo común “evitarlos o, en su defecto, minimizarlos”, son un coste económico sobre el que hay que es necesario invertir para evitar, y en su defecto minimizar, los factores de riesgo que pueden afectar en el desarrollo profesional de un actividad y mejorar el estado de bienestar laboral.

En toda organización, la ausencia de un elevado nivel de protección de la seguridad y de la integridad de los trabajadores tiene como resultado un elevado absentismo laboral, con incapacidades temporales o permanentes, como consecuencia de los accidentes de trabajo y de las enfermedades profesionales, que pueden llegar a provocar incapacidades permanentes. Además, y en el campo de las contingencias comunes, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a cierre de agosto del 2015, el número medio mensual de bajas por enfermedad común fue de 302.751 frente a las 269.158 de cierre de 2014, lo que también supone un incremento del 12,48 %.

Incapacidades que, además del enorme drama social y humano que suponen, desde el punto de vista económico, conllevan asociados unos costes sociales que deben ser soportados por la sociedad en su conjunto, y que suponen impactos insostenibles para las economías de los estados, tanto para toda cuenta pública como privada.

Según un informe elaborado por la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA), “Repercusión económica de la seguridad y salud en el trabajo en los Estados miembros de la Unión Europea”, las pérdidas económicas totales asociadas a las enfermedades y accidentes relacionados con el trabajo se estimaban, en la mayoría de los Estados miembros de la UE, en un porcentaje entre el 2,6 y el 3,8 % del Producto Nacional Bruto.

En España, los diferentes estudios elaborados llevaban a situar estos costes totales de los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales, en una cifra ligeramente inferior al 3 % del PNB.

 

Principales objetivos y nuevos retos

La proliferación de la nanotecnología y nuevos materiales en la industria, los nuevos factores de riesgos psicosociales derivados de la intensificación y volumen de información, así como aquellos que derivan de una prolongación de la vida laboral... han de servir de punto de análisis y valoración que marquen los objetivos de  las estrategias y planes que pongan de manifiesto la necesidad de abordar, de manera más eficaz, el efecto que tienen algunas de las medidas preventivas en determinadas organizaciones, y la necesidad de crear, en la sociedad, una cultura preventiva en materia de PRL integrada en el contexto diario, debiéndose plantear tres retos:

- Mejorar la efectividad y eficacia de la aplicación de medidas preventivas en la pequeña y micro empresa.

- Mejorar la prevención de enfermedades profesionales combatiendo los riesgos existentes, nuevos y emergentes.

- Combatir el cambio demográfico, a través de la adaptación de los lugares y organización del trabajo con empleo de productos y servicios TIC.

Dentro del primero de ellos, se debe establecer la necesidad de plantearse el ámbito de aplicación y la eficacia de la gestión de la seguridad en el trabajo salud y la salud. Reto basado en las múltiples causas y dificultades que tienen las PYMES y microPymes para respetar las disposiciones reglamentarias y administrativas en materia de seguridad y salud en el trabajo, y que llevan a que los sistemas de gestión en materia de PRL no sean singularizados y particularizados a las realidades de los sectores y a los tamaños de las empresas.

En relación al segundo y tercer reto, debemos enfocar parte de nuestros esfuerzos en el nuevo horizonte de la prevención y cuyos objetivos se podrían resumir en:

  • Fomentar la integración de la prevención de riesgos laborales y la creación de una cultura preventiva como pilares fundamentales para la mejora continua de nuestra sociedad, así como, a través de  las medidas de seguridad y salud, contribuir a luchar con la discriminación y a promover la igualdad de oportunidades.
  • Reducción constante y significativa de la siniestralidad laboral que debe sustentarse en la Educación, en todos sus niveles, pero empezando desde la escuela infantil y primera, pasando por la secundaria y asentándose en la universitaria.
  • Conseguir una mejora continua y progresiva de las condiciones de trabajo y de la seguridad y salud en el trabajo en los centros de trabajo a través de la elaboración y publicación de criterios técnico – normativos en materia de seguridad y salud en el trabajo.
  • Incentivar la investigación y la innovación en materia de seguridad y salud en el trabajo, que nos permitan afrontar los riesgos emergentes, como los nanomateriales, así como la implantación de prácticas de trabajo seguro.

Para acabar y como conclusión, resaltar que la seguridad y salud en el trabajo debe, como ya indicaba el reglamento y establece la vigente legislación, ser algo de todos, debiendo estar integrada en el conjunto de actividades y decisiones de las organizaciones, independientemente al sector al que pertenezcan o la actividad que desarrollen.

Hagamos que la PRL y el BIENESTAR LABORAL sea algo inherente a nuestro qué hacer diario y esté dentro de la normalidad cotidiana, pero sin caer en la rutina y sin bajar la guardia un sólo instante, hemos de alcanzar tolerancia cero en la siniestralidad laboral.

 

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Cristina Moreno Fernández, Directora General de Trabajo y Bienestar Laboral y del INVASSAT